Indignación selectiva y xenofobia

He necesitado un par de días de reflexión para escribir estas líneas, y es que, quisiera tratar el tema con la mayor de las sensibilidades posibles, aunque de quienes hablo, parecen no tener la más mínima. Durante esta semana hemos conocido otra de las propuestas del nuevo Consell de la Generalitat Valenciana, en concreto en esta ocasión, de la mano de la Conselleria de Igualdad que dirige la también Vicepresidenta del Consell, Mónica Oltra. La que fue durante no hace tanto tiempo el azote de la corrupción en la Comunitat Valenciana, presentó las nuevas condiciones para acceder a una renta mínima de la Generalitat, en especial por parte de los inmigrantes en situación irregular, que no ilegales, pues dicho sea de paso, ninguna persona es ilegal. Ilegales son las actitudes de algunas personas, aunque tengan DNI español.

Digo nuevas condiciones, y lo subrayo, pues esta ayuda ya existía tiempo atrás, también durante anterior gobierno, dirigido por el Partido Popular. Ahora, hay cambios. Si bien antes la ayuda se situaba en algo más de 300 euros mensuales, a partir de ahora superará los 500, algo más de 200 euros al mes. Una limosna necesaria para personas en riesgo de exclusión social, pobreza extrema o con hijos a su cargo. También hay cambios en cuanto a la edad mínima de acceso a estas ayudas y al tiempo de empadronamiento necesario, en cuanto al primer requisito antes se requerían 25 años, y ahora la edad mínima será de 18, mientras que ya no serán necesarios dos años de empadronamiento, sino uno.

La desagradable sorpresa ha venido por partida doble, y es que, algunos medios de comunicación han querido hacer el agosto con la noticia, y subir las visitas a sus webs a golpe de clics y titulares vacíos o incompletos. ‘Inmigrantes sin papeles empadronados durante un año cobrarán hasta 532 euros’, así, a palo seco, sin miramientos, sin entender que la sociedad en la que vivimos, que no lee, que se informa a golpe de tuit, puede malinterpretar dicha noticia. Además, a la falta de, vamos a decir ‘sensibilidad’, de algunos que escriben noticias, se le suma la inexistente empatía de algunos de nuestros conciudadanos. Basta con entrar a leer los comentarios en redes sociales a la noticia en cuestión: ‘primero los de aquí’, ‘yo no pago impuestos para que se de paguitas a inmigrantes’, ‘yo tengo problemas y no me dan ayudas’, ‘me parece mal que se ayude a inmigrantes ilegales’, ‘es una compra de votos encubierta’ (como si sin tener la nacionalidad pudieses votar). Argumentos fáciles, carne de populismo nacionalista y xenófobo, tan de moda en algunos países de Europa. Comentarios que olvidan que antes que regulares o irregulares, somos personas, que comemos, nos vestimos, y tenemos necesidades básicas que cubrir para tener un mínimo de dignidad humana.

La propuesta de la Generalitat para con los inmigrantes tiene una dotación de  44 millones euros. ¿Sabéis lo que cuesta un auditorio vacío y duplicado como el de mi pueblo, Massanassa? La friolera de 3 millones de euros. Y así, un despilfarro en cada uno de los pueblos de este país. Pero eso no nos indigna, tenemos indignación selectiva. No nos indigna, que en Fallas, por poner un ejemplo, se subvencionen monumentos, insonoricen casales, se tiren tracas, tracas, y más tracas, con dinero público. El dinero público empleado en fiestas está bien empleado, al igual que lo está si lo gastamos en construcciones megalómanas, porque claro, llevarán el nombre de Valencia por todo el mundo. ¿Y la corrupción? Ay la corrupción, ‘si es que todos roban’, que dicen los acérrimos de PP y PSOE.

No nos equivoquemos, no nos indigna que la Generalitat destine 44 millones de euros a rentas de inserción social, nos molesta que se las den a inmigrantes, y nos molesta más si son ‘irregulares’. Hay dinero para muchas cosas, pero lo gastamos en fiestas, despilafarros, corrupción, chiringuitos, subvenciones vacías e ideológicas, y olvidamos que no hay más ideología que la humana. Tenemos indignación selectiva, y un poquito de xenofobia y racismo. Háganselo mirar.

Algo huele a podrido en Dinamarca

Algo huele a podrido en Dinamarca, la mítica frase de una de las más populares obras de William Shakespeare, bien podría servir para definir la política en Massanassa, y es que, cambiando ‘Dinamarca’ por ‘Massanassa’, aquí también huele raro.

El pasado 25 de mayo de 2015 los vecinos de Massanassa renovaron la composición política de su Ayuntamiento. Algunos bajaron, otros se mantuvieron, algunos entraron de nuevo, y a otros nos dejaron fuera. Si bien el PP perdió su mayoría absoluta, poco o nada ha cambiado con respecto a la anterior legislatura. Pastor sigue contanto con una cómoda y tranquila legislatura a pesar de no tener mayoría absoluta.

Los Plenos, que en otros municipios se presentan interesantes, tensos y llenos de debate político, en Massanassa transcurren entre risas y la complicidad de la mayoría de concejales que, en teoría se deberían hacer oposición. ¿Qué oposición van a hacer desde Izquierda Unida, por poner un ejemplo, si se dedican a hacerse selfies con la gente del gobierno local, esto es, PP y C’s? Es un triste reflejo de la realidad. No se cortan ni con los cristales. Hacerle oposición a quién es tu amigo cuesta más, y de ahí el buenrollito al que intenta arrastrar el PP al resto de formaciones políticas. Así pasa, que después de un año de legislatura algunos no han hecho ni un mísero panfleto para denunciar la situación política de la localidad a pesar de los 2000 euros largos que cobran en concepto de subvención anual para ello. Pervierten totalmente el concepto ‘oposición’, si se presentan a unas elecciones en una opción que no ha resultado ganadora algo tendrán que decir, algún papel como oposición tendrán que hacer. Deberían.

Con Ciudadanos el PP lo ha tenido mucho más fácil. El partido que se presentó bajo la cara de Alber Rivera a las elecciones municipales y que portaba como lema un sonoro ‘Massanassa pide cambio’, a día de hoy no ha presentado más que dos mociones de ámbito local. Una para poner una señal y otra para rebajar aceras. Ahí acaba el cambio. El resto de votaciones siempre en el mismo sentido que el PP, a los que querían cambiar. Debe ser que el Pleno no es más que un ‘teatro’ como reconoció públicamente el propio concejal de C’s. Ciudadanos, ese partido que no había presentado propuesta alguna antes de las elecciones, que nunca asistió a Pleno alguno ninguno de sus miembros, está haciendo todo lo contrario a lo que prometió. Nada.

Ser concejal debería ser algo más que desfilar de moro, o cristiano, e ir de comilona de falla en falla, actividades que son muy adecuadas y lúdicas, pero que no deberían suponer más que una pequeña parte del trabajo de los representantes públicos. Les animo a visitar las páginas de Facebook de estos dos partidos y a que intenten buscar alguna crítica, propuesta o idea para Massanassa.

De Compromís poco o nada se puede decir. Resultados muy bajos en contraste con el mismo partido en otros municipios. Mucho grito y poco cambio. A su concejal es habitual encontrarlo en el despacho del Alcalde, algunas veces leyendo el periódico. Otro caso de buenrollito. Quizás un cambio de lideraje de esta formación sea la clave para que Compromís alcance los 970 votos autonómicos que tiene actualmente en Massanassa, también a nivel local.

Honrosas excepciones en el PSPV y Sí Se Puede Massanassa. Los últimos destacan últimamente por su activismo local. Murales, huertos, limpiezas de parajes y actividad política se entremezclan con la actividad política diaria.

Cada día resulta más inevitable pensar que el PP gana en Massanassa no por su gran gestión, que por supuesto, algunas cosas buenas tiene, sino por la inexistencia de una oposición fuerte, organizada y dura con el gobierno local. Reflexión obligatoria para los apoyos de Pastor. Si de verdad creen que el PP tan bien lo hace como para no hacerle oposición, que no se presenten a las próximas elecciones, que para lo que hacen, ya está el PP que tiene más experiencia en gestión.

Incondicional (punto)

Un domingo por la tarde cualquiera en el restaurante, cafés, batidos, tortitas y algún que otro zumo. De fondo, el fútbol. Una de las cosas que más me gusta de mi trabajo es observar a los clientes, o como yo les llamo entre risas con algunos de mis compañeros, los comensales. No siempre, pero la mayoría de veces cualquier detalle imperceptible puede darte una pista de de su situación personal, o al menos de la que tienen ese día.

Ayer domingo, y como todos los Días del Señor, seguimos abiertos junto al resto de tiendas del Centro Comercial. En la puerta hacen cola dos parejas, dos mujeres y dos hombres de mediana edad, yo diría que de unos cincuenta y muchos. Ellos preguntan si pueden ver el fútbol, y ellas anuncian que volverán luego, que quieren hacer unas compras. La estampa no podía ser más cotidiana si no fuera por un detalle, o mejor dicho, dos detalles. Ellos andan en silla de ruedas, en una de esas motos eléctricas con su cesta y sus aceleradores. A mí me gusta imaginar que son como pequeñas motos todo terreno, pues bastantes obstáculos les ha puesto la mala suerte como para no poder salvarlos los que les ponemos los demás.

Por su puesto les acomodamos una mesa lo suficientemente amplia como para poder aparcar sus motos y que, desde allí, puedan disfrutar del partido, unos cafés y unos batidos.

Tras las compras de las mujeres y algo de merienda para todos, piden la cuenta. Pagan amablemente y se marchan. Una de las parejas es más rápida de que la otra, pues como buen caballero, uno de los hombres espera a su pareja mientras está en el aseo. Al volver, él intenta hacerse con las bolsas de la compra que trae su mujer para cargarlas en la moto y que ella no tenga que hacer ese esfuerzo.

La mala suerte quiere que las bolsas caigan al suelo, esparciéndose algunos de los productos que ella ha comprado. Él, desde su silla esgrime un gesto de derrota, de impotencia, de amargura. Impotencia por ver que no puede hacerse cargo de un sencillo gesto como es coger unas bolsas. Ella, ante la mirada triste de su marido, le agarra la cara, y con una ternura que pone los pelos de punta, le da una caricia y le da un beso en los labios que acompañada inmediatamente de un dulce ‘no pasa nada’.

Recogen las bolsas, les ayudo. Intento poner la mejor de mis sonrisas y quitarle el mayor hierro posible al asunto. Se alejan de la mesa y se dirigen a la puerta donde les espera la otra pareja.

En la vida, las pequeñas cosas son las que más nos enseñan. Una caricia, un beso, un ‘no pasa nada’, nos enseñan que el amor es incondicional. Nos enseñan que el amor no entiende de condiciones físicas, color, creencia, sexo o pensamiento. Que el amor es incondicional o no es amor. Que no hay espacio para cobardes. Que la vida puede ser mucho mejor si nos sonreímos cada día.

FR.

A propósito de las sopas de letras

Se habla mucho últimamente de las ‘sopas de letras’, esto es, la candidatura conjunta de dos o más partidos. Las más famosas son las de Podemos y sus llamadas confluencias (En Marea en Galicia, o Catalunya En Comú en Catalunya) o sus acuerdos con fuerzas como Compromís, EQUO o más recientemente con Izquierda Unida. A pesar de que el concepto ‘sopa de letras’ se haya puesto de moda en tiempos recientes, lo de ir en coalición tiene más años que Joan Ribó, que ya es decir. PP y PSOE también lo han practicado. Nadie se acuerda, o nadie quiere acordarse, pero los populares van de la mano de los regionalistas del Partido Aragonés, de Foro Asturias o de Unión del Pueblo Navarro. En alguna ocasión también lo han hecho con formaciones minoritarias como Extremadura Unida, Unión Valenciana o incluso con algún nacionalista de Canarias. El PSOE, tres cuartos de lo mismo. Histórico es el romance, y sus crisis, entre el PSOE y el PSC, sus acuerdos con la reciente Nueva Canarias, el partido que concurrió en las pasadas elecciones con el PSOE y cuyo único diputado pasó rápidamente al Grupo Mixto.

Lo de ir en coalición es una opción, una más. No es ni necesariamente bueno, ni necesariamente malo. Claro está que tras las elecciones los partidos nacionales que hayan pactado con nacionalistas o regionalistas tendrán que devolverles el favor. Ya saben ustedes, en cash o en competencias, como se hace todo en este país. Seguiré diciendo que lo de las confluencias de Podemos (o las de otros partidos) me parece lo más respetable del mundo. Me parece muy adecuado que antes de las elecciones un partido presente su programa y quiénes son sus compañeros de viaje. Funciona algo así como las lentejas, que o las tomas o las dejas. Cosa distinta es que un candidato haga una encendida campaña presentando su programa y que, tras las elecciones, pastelee con el mismo para alcanzar poder. Prefiero que me lo digan antes de las elecciones. Prefiero saber antes quiénes son los compañeros de viaje de Iglesias,  y ya, en función de eso, decidir mi voto, que dicho sea de paso, no se lo llevarán.

El cinismo en este tema viene una vez más de la mano de Albert Rivera. El político catalán, ni corto ni perezoso y sin despeinarse un milímetro, se arrancó el pasado domingo en Valencia a criticar la confluencia de Podemos, Compromís e Izquierda Unida. No le gusta a Rivera que haya partidos que se unan antes de unas elecciones para concurrir con sus respectivos logos en la papeleta a las elecciones. Habría que recordar al señor Rivera, y a algunos de sus palmeros más apocopados, que hace medio año, él mismo pedía hacer ‘sopa de letras’ con Unión Progreso y Democracia (UPYD). ¿O es que ya no se acuerda de cuando decía aquello de ‘tengo los nudillos cansados de llamar a la puerta de Rosa Díez para alcanzar un acuerdo?.

Cierto es que Rivera no concurre en ninguna circunscripción con alianza alguna con otro partido, pero esto es porque ya los ha absorbido antes bajo sus siglas. De este modo, las siglas de los absorbidos desaparecen, pero quedan las personas absorbidas cada cual con su ideología. Hay que recordarle también a Albert que creció a base de comprar, en muchos casos literalmente, partidos políticos enteros. Por destacar algunos, el Centro Democrático Liberal, que ya en su día absorbió al Partido Social Demócrata creado por el preso de la cárcel de Picassent Rafael Blasco, el Partido Regionalista de Castilla y León o decenas de partidos locales especialmente en Andalucía, Castilla La Mancha y Castilla y León, cada cual con su ideología, regionalista, localista o vaya usted a saber.

No obstante, para más inri y para que nadie se olvide, conviene recordar que en la Comunitat Valenciana conviven dentro de las siglas de Rivera, políticos que van desde la extinta Unió Valenciana al PSOE, pasando por el PP, UPYD, CDL, el PSD, CLR y otros tantos partiditos barridos por la marca Ciudadanos. De este modo, a pesar de que la manera de crecimiento de Ciudadanos para mía sea completamente errónea y una puerta abierta a la corrupción, pues han crecido sin filtro ni orden alguno, es en todo caso una manera como cualquier otra.

Lo que está feo es que Rivera critique las sopas de siglas de los que van de cara y muestran los logos en su papeleta conjunta y que al mismo tiempo esconda como ha crecido él mismo y a los partidos y políticos de otras formaciones, muchas veces blanqueados y maquillados, bajo las siglas de Ciudadanos.

ALBERT RIVERA PRESENTA EL PROYECTO ECONÓMICO DE CIUDADANOS PARA ESPAÑA

GRA577. MADRID, 17/02/2015.- El presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, durante su intervención en el acto en el que ha presentado el proyecto económico de Ciudadanos para España, esta noche en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. EFE/Zipi

Un puñado de renacuajos tienen la culpa

Debe ser que me gusta nadar a contracorriente. Ya lo digo en mi biografía de Twitter, ‘amante de las causas perdidas’. Y sí, os reconozco que ello me lleva a nadar siempre en la marginalidad, aunque no por ello me pueda sentir más o menos satisfecho. La política, no es una excepción a esto. Y ahora, ante las Elecciones Generales del próximo 26 de junio, siento la necesidad de explicaros, o quizás de autoconvencerme, mi voto. Siempre he esperado con ansia el día de las elecciones, hasta cuando no podía ejercer el derecho al voto por ser menor de edad, (ya veis, friki desde que nací), los que me conocen bien lo saben. Por ello, quedarme en casa nunca ha sido una opción para mí, aunque sea para votar nulo, hay que ir a votar, por todos aquellos que no pudieron, o no pueden, hacerlo.

A lo que iba. El panorama electoral no podía estar más aburrido, al menos para mí, que siempre he intentado ser muy (quizás demasiado) tiquismiquis con mi voto. Mariano, muy hábilmente, se ha quedado quieto esperando a el resto de partidos se desgasten en una guerra que no ha hecho más que generar descontentos entre los votantes de PSOE, Podemos y Ciudadanos. ¿En qué cabeza cabe que C’s, la marca blanca del stablishment (eso que más tarde se llamó casta), pactaría con Podemos? Los números no le salían al PSOE, al menos si lo que pretendía era juntar a Podemos y C’s, en un matrimonio forzoso que recuerda más al de Apu y Manjula que al de un verdadero acuerdo, como mínimo, de investidura. El potaje PSOE, Podemos y C’s hubiera supuesto más de un infarto en las filas (casi militares según denuncian ya varios ex C’s) de Rivera, y, lógicamente, tampoco hubiera agradado a los de Pablo Iglesias. Descartado el pesado primer posible escenario, hay que agradecer al PSOE que no haya pactado con los partidos independentistas. Es preferible que los que no creen en el Estado no tengan la llave de su gobierno. Quebraron el discurso nacional del PSOE cuando Zapatero accedió a pastelear con los nacionalistas el ya famoso Estatut de Catalunya. Tenemos que dar gracias, y no es una broma.

La corrupción que aflora en el PP, especialmente arraigada en sus feudos de Valencia y Madrid, no parece ser obstáculo para Albert Rivera y sus Ciudadanos, quienes han deslizado en más de una ocasión, sin despeinarse, que hay que regenerar la democracia y que es necesario una entente de gobierno entre socialistas, populares y ellos mismos, algo así como poner a Fernando Alonso a conducir el autobús del cole. A Rivera, el cargo de Menistro no le quedaría nada mal. Es un buen chico, y ya saben que no es demasiado molesto para el sistema. ¿Han escuchado algo en su discurso, o en su pacto con los socialistas, de reformar la Ley Electoral o fusionar ayuntamientos? Rivera y Sánchez presentaron un acuerdo lleno de estupendas propuestas de reforma constitucional, a sabiendas de que sin el voto del PP eran imposibles de cumplir. Una puesta en escena en toda regla. Si no fallan mis cálculos, bastantes votantes de C’s podrían retornar al PP, asustados por el pacto de Rivera con Pedro Sánchez, cosa lógica en cientos de casas de bien que creyeron que el favorito de ciertos rotativos era apuesta segura de paz y bienestar.

En un escenario como el actual, partidos aquejados de corrupción, recortadores, nacionalistas, admiradores de ciertas naciones de Sudamérica, mi voto se antoja, cuanto menos, rebelde.

Al PP y al PSOE ya los conozco, y en el centro, la bisagra que les mantiene en pie. A la izquierda, demasiada izquierda y mucho nacionalismo. Y así, miro a mi alternativa de siempre, UPYD. El partido que se enfrentó al poder, el de las querellas contra Bankia, Pujol, contra las preferentes… El partido de referentes como Rosa Díez, Carlos Martínez Gorriarán, Fernando Savater,  o de otros más modestos y anónimos a los que tengo la suerte de llamar amigos, se encuentra desmantelado y a punto de fallecer, claramente derrotado electoralmente en las pasadas contiendas, acechado cual presa fácil por personas de dudosa buena voluntad. Enfrentarse al sistema no sale gratis. Demasiados charcos pisó el pequeño partido magenta, que llevó ante el banquillo de los acusados a parte de la élite dirigente del país. A él le debemos que los amigos que dirigían Bankia se hayan tenido que, al menos, enfrentar a un procedimiento judicial, porque rescatar con 19.000 millones a una entidad financiera quebrada por la mala gestión, consentida y amparada por PP, PSOE y sus eventuales sociaos nacionalistas sí que es un robo, y para enfrentarse a ellos, hay que tener como poco, ganas de cambiar de verdad las cosas que suceden a nuestro alrededor. UPYD, que tuvo muy mala suerte con algunos de sus dirigentes (hoy varios calientan escaño en otras formaciones), quiso cambiar nuestro alrededor, no lo consiguió, y ahora, al chico que han dicho que es su sustituto, ni se le oye hablar de aquello que con tanta insistencia exigían los diputados magentas: igualdad, reforma de Ley Electoral y lucha feroz y sin cuartel contra la corrupción. Lo que un día fue una opción real de cambio y de voto, hoy no es más que una quimera, nostalgia, recuerdo y orgullo.

Así las cosas, uno se plantea o votar nulo o explorar nuevos partidos. Y esto último es lo que he hecho estas últimas semanas. Y os confieso que a pesar de que no lo haré con la ilusión y convencimiento de siempre, tengo una opción más que clara. Un puñado de renacuajos tienen la culpa.

La semana pasada, causalidades de la vida, llegó hasta la pantalla de mi anciano teléfono móvil un vídeo donde una mujer rubia, se disponía a, cubo en mano, trasladar a unos renacuajos que habían nacido en un charco en el barro hasta una charca más grande donde tuvieran una oportunidad de crecer, una oportunidad de vivir. Mis amigos sabrán que es la típica chorrada (permitidme la licencia) que habría hecho yo mismo. Y che, al final hay que votar a quién más se parezca a ti, sólo así quizás se explican ciertas mayorías de ciertos partidos de cuyo nombre no quiero acordarme. A estas alturas, si no lo sabéis lo digo, hablo de PACMA, el Partido Animalista Contra el Maltrato Animal.  No voy a presentarme ahora como un animalista convencido, ni soy vegetariano ni vegano (aunque intento reducir el consumo de carne por salud y ahorro de recursos naturales). Tampoco soy un ferviente antitaurino, aunque a más de uno le invitaría a probar a pasearse por todo un pueblo con bolas de fuego en su cabeza y rodeado de, -vamos a decirlo de una manera educada-, estrepitosos ciudadanos.

Sé que a día de hoy (y a día de mañana también), un gobierno de PACMA es inviable. También sé que ni es mi partido, ni mi voto será siempre suyo, pero he descubierto que no sólo hablan de perros. Su interesante programa verde merece ser atendido y leído al menos para saciar la curiosidad. No obstante, una de las cosas que me han ganado ha sido su clara apuesta por reformar la Ley Electoral para que el voto de todos los españoles valga lo mismo, se emita donde se emita. Ya está bien que de PP, PSOE y ciertos nacionalistas se vean sobrerrepresentados por una ley totalmente injusta que vulnera la igualdad de los ciudadanos. Por cierto, en países como Portugal o Holanda ya tienen representación, y con un sistema de circunscripción única, PACMA, UPYD, el Partido Andalucista o el Partido Regionalista de Cantabria, tendrían diputados en el Congreso, y PP, PSOE y algunos nacionalistas, tendrían muchos menos.

Como anécdota, la no referencia de PACMA a la mal llamada cuestión del ‘derecho a decidir’, su transversalidad en diferentes asuntos sociales y la ortodoxia a la hora de no alcanzar acuerdos con otras fuerzas sólo por asegurarse escaños en el Parlamento, merecen cuanto menos mi respeto y contemplación como alternativa de voto. Su negativa a alcanzar acuerdos con Podemos al no aceptar estos un claro posicionamiento antitaurino sí que es ‘programa, programa, programa’, y no lo de Alberto Garzón e Izquierda Unida.

Al final, como os decía, un puñado de renacuajos tienen la culpa de mi voto al Congreso (el Senado será otra cuestión), pero es que creo que en política hace falta gente con más piel. Y considero que hay que estar muy loco, o tener mucha sensibilidad para dedicar tu militancia política a defender una causa tan perdida como la de los renacuajos. Hacen falta políticos más sensibles con el mundo en el que viven, hace falta más piel en política.

Cárceles

Todos tenemos nuestra parcela de intimidad, más o menos grande. Un lugar donde ser nosotros mismos, donde no hay que dar ningún tipo de explicación, un lugar al que llamar nuestro, con mayúsculas. Es nuestra parcela, perfecta, ideal, hecha a la manera de cada cual. Unas veces sobrevenida, otras meditada y calculada, completada hasta el extremo de la perfección. Necesitamos nuestra parcela para escapar del mundo, para respirar, para vivir en paz.

Las parcelas, como tantas otras cosas en la vida, pueden convertirse en cárceles. En las peores cárceles. Presos de nosotros mismos, víctimas de nuestros miedos, frustraciones y decepciones acumuladas, tan incrustadas, que nos han impreso carácter. Nos marcan.

Quizás, sólo quizás, soy el peor carcelero que podría tener. Con mis innumerables defectos y mis escasas virtudes. Enfermo, enamoradizo, ingenuo. Y sí, reconozco que quizás tenga cierto Síndrome de Estocolmo. Que no puedo hacer de mi mismo lo que la lógica me dicta, lo que me ordena esa voz que sólo en momentos de extraordinaria lucidez nos hace ver que nada importa, que somos nosotros y nuestras circunstancias, que no somos nada sin ellas y que ellas no son nada sin notros.

Cárceles. Tan necesarias, tan humanas, tan dolorosas.

FR.

Podemos, la última excusa

Llevo tiempo sin escribir sobre política, que es como decir que llevo sin escribir, en el blog, sobre nada. Se está tan bien observando la situación, viéndolos venir. Dan ganas de coger un bol de palomitas y sentarse frente al televisor a ver como los de siempre, -ese término tan usado por mí-, se acaban entendiendo.

Esta semana tengo la sensación de estar reviviendo el pasado, y es que, ante un panorama de difícil desbloqueo, parece que todos los partidos se hayan puesto manos a la obra para preparar una precampaña electoral que, sin ninguna duda, no hablará de programas, sino de miedos, reproches y técnicas de marketing varias. Hemos visto como, salvo el programa de PP y Podemos, que gusto o no, siguen fieles a sus máximas, los de PSOE y Ciudadanos se diluyen en un documento abierto y que deja muchas cuestiones en el aire, a la primera de cambio, dibujando un país y unas reformas constitucionales imposibles de llevar a cabo sin el Partido Popular por pura aritmética legal.

El PP está inamovible, esperando a que los electores que apostaron por Rivera para castigar solo un poquito a los populares, vuelvan al redil de la gaviota al ver como Ciudadanos ha pactado con los socialistas, y muy a su disgusto (el de muchos votantes de C’s) con Pedro Sánchez. El PSOE, no acaba de decir si prefiere un gobierno con tintes anaranjados, esto es, liberal y de centro derecha, o un gobierno de coalición con Pablo Iglesias. Pedro cada día dice una cosa, pero ya se sabe, si estás en Zaragoza no puedes ir a Madrid y a Barcelona a la vez. Un acuerdo PSOE-Podemos-IU-Compromís tendría a C’s en frente, a no ser que Rivera prefiera suicidarse políticamente y confirmar que el voto útil del elector de centro derecha y que prefiere un Estado unido es el del PP. Por otro lado, un acuerdo PSOE-C’s tiene enfrente, lógicamente, a toda la izquierda, y, aunque el acuerdo de Sánchez y Rivera es, a priori, bastante asequible, Podemos, Compromís e IU necesitan conocer la letra pequeña del mismo, y es ahí donde se contraponen, necesariamente, las diferentes posturas. La clave, de ir a nuevas elecciones, estará en ver a quién echa la culpa el votante de que no haya acuerdo, o dicho en otras palabras, PSOE y Podemos se tenderán una mano envenenada para hacer quedar al partido contrario como el culpable del no acuerdo.

Y en este complicado panorama, donde la entente nos aboca o a una gran coalición de PP, PSOE y Ciudadanos, a elecciones, o al pacto de las izquierdas con el difícil visto bueno de los independentistas, los partidos y los lobbies empiezan a calentar motores por si la gran coalición deseada por Rajoy y Rivera (cada uno a su manera), no diese frutos.

Decía que tengo la sensación de estar reviviendo el pasado cuando veo como las miserias internar de Podemos se engrandecen por parte de los grandes medios de comunicación. Y a pesar de distanciarme muchas cosas de Podemos, quiero hacer un defensa de su partido en relación con las últimas supuestas dimisiones que se han conocido en Madrid. ¿Qué partido no las tiene? Izquierda Unida está partida en torno a los que apoyan a Garzón y su propuesta de refundar IU y los que prefieren preservar intacto su pasado comunista, como el brazo incorrupto de Santa Teresa. En Ciudadanos se expulsan concejales todas las semanas y hay hasta plataformas de afiliados y ex afiliados organizados para denunciar la supuesta falta de democracia interna. En el PSOE son conocidas sus noches de cuchillos largos, ni falta hace hablar de Tomás Gómez, el alartismo en Valencia o de los partidarios de Eduardo Madina, relegado a un octavo puesto en la lista por Madrid por detrás de paracaidistas como Irene Lozano. Pero, ¿por qué se habla tanto de Podemos y no de estos otros partidos?

Lo cierto es que este aluvión de noticias negativas sobre la estructura interna de Podemos, que posee una estructura nueva y débil donde la mayoría de cargos orgánicos han pasado a ser cargos públicos en muy poco tiempo, rebajan sus expectativas de voto y trasladan una imagen negativa al elector. Algo parecido a lo que le sucedió a UPYD, salvando las distancias, partido que se desangró durante año y medio a base de titulares de prensa, dimisiones, traiciones y miserias humanas engrandecidas por oscuros intereses. Ciertamente Podemos y UPYD son dos partidos molestos para el sistema. Cada uno a su manera, y en mi opinión UPYD más peligroso que Podemos si tenemos en cuenta que Podemos ha crecido más rápido y por tanto tiene más posibilidad de cometer errores, y que los de Pablo Iglesias soportan una mochila ideológica en muchos casos demasiado definida, frente a UPYD, partido que estaba formado por gente ideológicamente de centro y con menos estridencias, si entendemos por estridencias el descarado, y a veces efectivo, marketing y discurso de Podemos. No obstante, son partido que amenazan al sistema tal y como lo entendemos, o al menos eso proponen sus programas. Si tuviera que dar un consejo a Pablo Iglesias le diría que se fijase en Compromís, una coalición cuya alma es nacionalista, y en muchos de sus miembros pervive la idea del pancatalanismo, que ha sabido reinventarse para adaptarse al medio en el que nada, y que, tras años curtiéndose en la oposición, está demostrando saber gobernar (llegando incluso a adoptar algunos de los viejos vicios de sus socios socialistas o de sus antecesores, el PP). Si Iglesias aspira a ser capitán de la izquierda, deberá renunciar definitivamente a su pasado.

No puedo dejar de pensar que Podemos es una excusa, la última excusa de los españoles para mantener a los de siempre en el poder. ¿O es que no habéis escuchado decir: el PP y PSOE roban y Ciudadanos les apoya, pero, qué quieres que nos gobierne Podemos?

Excusas.