Corrómpase, pero menos que su vecino

Como quien roba en un gran almacén, total, si ganan millones. En el país de los tuertos el ciego es el rey. No hay refrán más adecuado para definir la situación rocambolesca y ciertamente asquerosilla que vivimos los españoles, y particularmente los valencianos, cuando hablamos de corrupción. A ver quién la tiene más larga, o en este caso, corta.

Resulta que desde hace unos días anda circulando por Internet un gráfico en el que, mediante unas barras, se muestra el número de investigados (antes imputados) por corrupción en cada Comunidad Autónoma. En dicho gráfico se muestra a Cataluña como región donde más imputados hay, y no es difícil de creer, pues al fin y al cabo los que llevan gobernando toda la vida envueltos en la bandera llevan a sus espaldas casos tan sonados como ITV, 3%, Millet, Palau o toda la trama de saqueo del Clan Pujol. En segundo lugar Andalucía, otro lugar donde desde que afortunadamente España estrenó democracia no se ha cambiado de partido. En este lugar al sur, para que nadie se olvide, los de siempre, es decir el PSOE, siguen gobernando gracias al generoso apoyo de Ciudadanos y a su laxa oposición.

A continuación Madrid, Canarias, Cantabria, Baleares, Asturias y después la Comunitat Valenciana. Y es este octavo puesto de entre los peores lo que andan festejando estos días varios afines al Partido Popular. Ya se sabe, mal de muchos, consuelo de tontos. No obstante, a pesar de ese octavo puesto, quienes nunca han condenado la corrupción y han seguido acudiendo a mítines o han aplaudido a encarcelados como Rafael Blasco desde su escaño de Les Corts, se regocijan estos días por no ser los más corruptos. Aseguran estos mismos aplaudidores profesionales que ‘La Sexta’ (y quienes denuncian la corrupción en Valencia) dan mala imagen de esta tierra. A mí me da por pensar que quien defiende esta tesis de la ‘mala imagen’, tiene mucho que ver con los saqueadores de las cuentas valencianas. Son los mismos que prefieren matar al mensajero, enrollarse en la bandera (como los nacionalistas catalanes pero sin pedir independencia) y seguir mirando hacia otro lado, o hacia otra región, para tapar sus vergüenzas.

Y sí, en Cataluña y en Andalucía hay corrupción a borbotones, a cabasos, pero eso no debería servirnos de excusa ni de consuelo.

Somos corruptos, pero no mucho, aficionados.

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MERETRICES, TOROS, PERROS Y GESTACIÓN SUBROGADA

¿Ser padre o madre es un derecho? Dejadme que hoy juegue a ser algo así como un aficionado a la filosofía, y comparta con todos vosotros, y vosotras, un tema que desde hace demasiado tiempo no tengo claro, y es que una persona que se considera radical (en lo que en politología se entiende por radical) también tiene, de vez en cuando dudas. No sé si será la dura jornada de trabajo (¡ay! si me hubiera ido con Alexis Marí a Ciudadanos en su día (sic) – No es oro todo lo que Alexis Marí reluce), o el calor que nos asfixia a todos estos días, pero es que me vais a permitir que exprese mis dudas alrededor de todo lo referente a la gestación subrogada, esto es, los vientres de alquiler, y más, después de leer el artículo que ha compartido mi amiga Visa (Ser padre o madre no es un derecho).

¿Tenemos derecho a azuzar un toro por un pueblo con fuego en sus cuernos y que éste sea vareado por decenas de personas causándole dolor y estrés en nombre de su libertad y hasta de, según el PP, ‘las señas de identidad? ¿Tenemos derecho a contratar los servicios de una persona para que a cambio de dinero se pliegue a nuestros deseos sexuales? ¿Tenemos derecho a tener una cuenta o una empresa domiciliada en un paraíso fiscal (y ya sé que se puede si está previamente declarada)? ¿Tenemos derecho a comprar el cachorrito que nos ofrecen en el escaparate de la tienda de animales del centro comercial? ¿Tenemos derecho a cerrar una frontera y a no dejar pasar a las personas que huyen de la guerra de Siria, de Boko Haram o simplemente de la miseria? ¿Tenemos derecho a elegir si nuestro hijo estudia, o no, en una de las lenguas cooficiales de una región, o de elegir si estudia o no matemáticas?

Las respuestas a las preguntas de arriba pueden ser muy diversas. Y seguramente, en función de a quién preguntamos obtendremos una respuesta. Podemos pensar que a todos los parece ‘mal’ que haya políticos con cuentas en paraísos fiscales, pero nos encontramos con que, legalmente, es posible que las tengan si está previamente declaradas, y que, partidos como por ejemplo los ultraliberales del P-Lib podrían llegar a defender la existencia de este tipo de cuentas en paraísos. Si preguntamos a los animalistas del PACMA, nos dirán sin género de dudas que lo de torturar a un animal con fuego y lo de vender a otros en escaparates es, en su opinión, una crueldad inhumana que necesariamente debe ser prohibida y perseguida. Las respuestas nunca son unánimes, y la cuestión sobre dónde poner o no la línea del derecho, la obligación y la prohibición es algo que como sociedad colectivamente decidimos y es lo que sirve como base para elaborar futuras leyes que organizan, más o menos, nuestra convivencia.

Sin abandonar la cuestión de los perros. Hace un par de semanas estuve visitando las instalaciones de Modepran, una de las protectoras de animales más importantes de Valencia. Acompañado de uno de mis mejores amigos, de esos que siempre están ahí, comprobé las condiciones en las que sobreviven estas criaturas, y como hacemos un uso totalmente arbitrario de su existencia, a nuestro libre antojo. Aquella tarde recordé las palabras que este mismo amigo me dijo años atrás cuando le conté como a mi actual perra, Linda, la compramos en un mercadillo de pueblo. ‘No compres, adopta. Con la cantidad de animales que hay pasándolo mal y necesitados de un hogar que les de protección…’. Una de esas frases que en aquel momento no compartí y que hoy tienen una lógica tremenda para mí. ¿Si hay infinidad de animales esperando a ser adoptados, por qué comprar otros y contribuir al aumento de la población de mascotas? ¿Por qué no controlar las poblaciones que ya tenemos y no generar nuevas?

Como sociedad hemos interiorizado cada vez más el respeto a los animales, y cada vez hay más gente que considera que no tiene derecho a torturar a un toro y que es mejor adoptar una mascota antes que comprarla. La pregunta que me hago es si ante tanto sufrimiento de animales en nuestro entorno más inmediato se debería prohibir o restringir al máximo la libre venta de animales.

Los constitucionalistas, es decir, los estudiosos de las constituciones de los países del mundo clasifican estas leyes básicas de los estados en cuatro grandes generaciones. Constituciones de primera generación, de segunda, de tercera y hasta de cuarta, en función del nivel y la cantidad de derecho que conceden a los ciudadanos que bajo su paraguas se dan cita. En Latinoamérica, unos de los lugares con mayor actividad constitucional en las últimas décadas, ya se habla de derechos de cuarta generación cuando se reconoce el derecho a disfrutar de un medio ambiente sano o del derecho a disfrutar del sexo físico con el que la mente de las persona nace. Llegados a este punto, conviene preguntarse si existe el derecho a ser padre o madre, y de si ese derecho o, vamos a decir, voluntad, se debe poder satisfacer con los ‘vientres de alquiler’.

No quisiera que ninguna persona que haya recurrido al método de la maternidad subrogada, muchas veces por culpa de las cuantiosas trabas y largas esperas que el gobierno español pone a la adopción, se sintiera atacada con esta reflexión, pero, ¿si hemos llegado a la conclusión social de que es mejor adoptar una mascota a comprarla y generar una nueva…, por qué debemos permitir que se engendren nuevas personitas mientras tantas otras que ya han venido a este mundo luchan por sobrevivir en un planeta cada vez más explotado, superpoblado y que no soporta más población?

Tampoco quiero comparar la compra o adopción de una mascota con el hecho de tener un hijo o hija, pero quiero utilizar el símil para hacer una defensa de la conveniencia de la adopción frente al vientre de alquiler.

¿Tiene derecho una persona, en este caso una mujer, a hacer lo que quiera con su cuerpo? En mi opinión sí. Siempre he pensado que cada persona es libre de hacer con su cuerpo y vida lo que buenamente considere, por eso una cuestión como la eutanasia activa nunca me ha supuesto duda moral o ética alguna, pero en el caso de la maternidad subrogada hay una tercera vida de por medio, y sobre todo, otras muchas a la espera. Ahora bien, ¿debe ser legal, hoy, el negocio de engendrar seres humanos? ¿Nos conviene como humanos seguir poblando este planeta mientras media mitad del mismo a duras penas sobrevive? ¿Es factible la gestación subrogada gratuita como plantean algunos partidos?

Sé que es un tema muy delicado, que quizás mi visión sea muy matizable y es que no lo acabo de tener claro, y creo que mejor, en mi opinión, trabajar y mejorar otras opciones, antes de recurrir al vientre de alquiler.

Disculpad la paja mental, pero… ¿Debe el ‘quiero que tenga mis ojos’ ser un derecho?

No es oro todo lo que (Alexis Marí) reluce

No sabía si titular este artículo evocando el viejo refrán o si llamarlo ‘la moto de Alexis Marí’. Al final, me he decidido por la primera de las opciones, no vaya a ser que se pueda confundir con una motocicleta que este orgulloso zaplanista (así se definía en la intimidad cuando militaba en UPyD, en referencia a su paso por el Partido Popular), tuviera en el garaje de su casa. No pretendo juzgar a nadie a nivel personal, ni mucho menos hacer una comparativa entre Toni Cantó o Alexis Marí, ya que estos días ambos compiten por ver quién de los dos es menos oportunista al dar el salto a Ciudadanos tras abandonar el viejo barco magenta. Abro paréntesis, otro refrán, el de las ratas y el barco.

No quiero juzgar, ni tampoco comparar, pero sí quisiera arrojar un poco de luz –o quizás un desahogarme, y llorar junto a mis ex compañeros-, ahora que la prensa parece haberse empeñado en dibujar a un heroico Alexis Marí, capaz de enfrentarse a Albert Rivera, enrolarse en la bandera del valencianismo político y hasta de darle collejas a al todopoderoso líder, el mismo con el que se reunió un mes de agosto de 2014, presuntamente en Barcelona, para vender por bloques la estructura de UPyD en la Comunitat Valenciana y garantizarse así un puesto de salida en las listas de Ciudadanos a Les Corts, y de empleo para su círculo más cercano.

Vayamos por partes. Y antes de empezar, a calzón quitado, tengamos en cuenta que, mientras Alexis Marí despotrica de Ciudadanos y dice que le da vergüenza portar sus siglas, este antiguo compañero mío (lo llamo compañero porque trabajé de manera muy cercana con él y, desgraciadamente y sin saberlo, para él), sigue cobrando del erario público, como también lo hacen otros críticos, como su esposa Carolina Punset, o diputados autonómicos como Domingo Rojo (otro ex UPyD que acompañó a Alexis Marí y que actualmente cobra de todos los valencianos).  Cabe recordar que tanto Marí como Punset, y otros tantos de Cs y de otros partidos, se presentaron a unas elecciones en listas cerradas, sin ocupar el primer puesto y, en el caso de Cs, sabiendo quién militaba y quién dirigía los hilos del partido. Sabían lo que había. Y no nos equivoquemos, nadie votó a Ciudadanos por Alexis Marí, o por Domingo Rojo, o por Carolina Punset. Quienes votaron a Cs lo hicieron, en su mayoría, motivados por el carisma y el apoyo mediático que recibía, y recibe, Albert Rivera, programa aparte.

Por lo tanto, teniendo en cuenta que nadie votó a Marí o Punset directamente, lo más respetuoso con los votantes y con el resto de ciudadanos sería que abandonasen sus puestos, dejaran de entorpecer al partido que los encumbró y, tal y como hicieron otros políticos españoles como Rosa Díez, renunciaran a su sueldo público y se montaran, si les apetece, la enésima paja mental alrededor de cualquier ‘Plataforma’. Alexis está provocando a Ciudadanos porque quiere que lo echen, quiere ser un mártir, y con ese carnet, y junto al teatrillo de la valencianía, apuntarse a cualquier partido, o hacer uno nuevo, para tratar de seguir en las instituciones. Lícito sería si lo hicieran desde fuera de Les Corts, y no usando el escaño ganado bajo unas siglas que ya no les representan. Tampoco olvidemos que Marí, y tampoco Punset, han tenido la capacidad, o el atrevimiento, de plantarse en el Congreso interno de Cs a plantear cambios, ni si quiera lo han intentando. Para él más fácil usar el escaño para soltar nimiedades. Un día habla del ‘primo de Zumosol’, otro nos cuenta que ‘Albert Rivera toma mucho Cola-Cao’, otro llama ‘gallina a Isabel Bonig’ y si se aburre, lanza algunos gritos desde la mesa de comparecencias de Les Corts. Quiere ser un mártir de Rivera, para que, de manera similar a como hizo en UPyD, y como a continuación contaré, llamar a la puerta de otro partido o a la de la sociedad valenciana. A saber.

Llegados a este punto, analizado el papel de Marí actualmente, conviene recordar que este orgulloso zaplanista, quién acostumbraba a portar cadenas de oro a los debates, abandonó UPyD en octubre de 2014 junto a otros cuatro miembros de la dirección valenciana de UPyD, sin haber avisado al resto de los componentes de que lo iba a hacer o habiéndole hecho escasas horas antes. De aquellos cuatro, tres, contando al propio Alexis, consiguieron empleo y sueldo, unos como cargos públicos, otros como trabajadores del grupo parlamentario. Una de las personas que aquel octubre aparecieron en rueda de prensa y nos dejaron al resto de afiliados y compañeros de UPyD de la noche a la mañana, también intentó ascender en su provincia, Alicante, pero fue rápidamente repelida por las fuerzas del orden de Rivera en aquellas tierras. Otra persona, tampoco accedió a empleo y sueldo, y hoy está fuera del partido naranja.

Aquel octubre, tuvo precedentes, y es que según parece, Marí se habría reunido con Albert Rivera meses antes, y acordaron un plan, que posteriormente se replicó en otras comunidades, como es el caso de Asturias, para desmontar UPyD, pieza por pieza y titular de prensa mediante, para incorporarla a Cs. Ya lo dijo Rivera en aquel teatro de reunión que organizó con UPyD para tratar de fusionarse, cuando lo que realmente quería era apropiarse de su trabajo (como bien ha hecho recientemente en la portada de VanityFair, cortando tarjetas black, cuando su partido no ha movido un dedo en denunciar a estos corruptos, como bien hizo UPyD), ‘UPyD y Cs se unirán por arriba o por abajo’. Y fue por abajo y por arriba, y Rivera supo pagarlo bien.

Alrededor de Marí se había creado en aquellos meses un grupo especial de trabajo, centrado en aquel entonces en la actividades parlamentaria de Les Corts, formado por el propio Marí, dos personas más que actualmente son jefes de gabinete de Cs en el Ayuntamiento de Valencia y asesores, yo mismo, y mi amiga Alicia Andújar, quién tuvo que coger las riendas del partido después del desmantelamiento al que Marí y los suyos lo sometieron. Aquel grupo de trabajo tuvo buena acogida en prensa, demasiada diría yo. Durante aquellas semanas observamos extraños movimientos en la estructura orgánica de UPyD. Yo mismo, que siempre fui contrario a la unión con Cs, fui relegado en mis funciones orgánicas para otorgárselas a una persona más afín a los afines a Marí (hoy también fuera de Cs, después de que fuera expulsado por intentar ascender a nivel local). Personas de Valencia ciudad que se debían hacer cargo de áreas al sur de la provincia, en lugar de ser los propios afiliados de esas comarcas, destituciones y nombramientos extraños fueron la tónica de esos meses. Colocaron a sus amigos en cargos orgánicos pensando en que al abandonar el partido, cada baja de éstos sería un nuevo titular negativo para UPyD.

Cuando Alexis y los suyos se macharon, cuando nos dejaron, cada semana posterior fue un mazazo para UPyD. Titulares contando y engrandeciendo la marcha del delegado de cualquier pueblo de la Comunitat, artículos de opinión, tuits y toda una sarta de exageraciones y manipulaciones que no hicieron otra cosa que volvernos a unos contra otros y hacer mella en nuestros ánimos. Una vez acabaron con la voladura controlada de UPyD, Marí fue nombrado número dos a Les Corts, posteriormente fue Síndic, y el resto de la historia ya se sabe, porque es la de siempre: están a gusto mientras controlan el partido, cuando dejan de hacerlo, se vuelven ‘críticos’. Cierto es que se marcharon a Cs cuando éste todavía tenía una intención de voto baja, pero se fueron con mucha información privilegiada sobre lo que los medios y Rivera habían preparado para reventar UPyD. Se fueron con toda la estructura casi artificial que habían montado, se fueron como un lobby a Cs y nos dejaron tirados de la manera más cobarde posible. Como explicación, puedo decir que personalmente solo recibí un bloqueo de Alexis Marí en Twitter, a pesar de que no interactué con él en aquellos días. Algún otro de sus prohombres apartan la mirada cuando nos cruzamos por las calles de Valencia. Vista al suelo.

Y no, ni valencianista, ni valiente. Más pronto un tipo con suerte, que sabe acallar las críticas prometiendo cargos. Como nos ofreció a mí, o a mis amigos Fran y Laura, cuando nos sentamos con él a pedirle explicaciones sobre sus extraños movimientos. ‘Cuando entremos a Les Corts harán falta muchos asesores’, nos dijo en aquel café en el callejón entre el Ayuntamiento de Valencia y la Calle de San Vicente.

Alexis Marí nos robó parte de nuestra inocencia. Si hay algo que le pueda agradecer a este orgulloso zaplanista es que nos haya hecho mayores a base de hostias, tuviéramos en aquel momento 22 o 42 años. Hoy, ellos son un cadáver andante en Les Corts, y como ellos, varios de los antiguos compañeros que nos dejaron con la lista electoral montada y a las puertas de la Junta Electoral (caso real de Manises), y que hoy en día o están expulsados de Cs o que malviven bajo estas siglas a merced de un mísero sueldecito de cualquier ayuntamiento. Los demás, seguimos trabajando, con el sudor de nuestra frente, manos y axilas, para ser más concretos.

No, no es oro todo lo que reluce Alexis Marí.

Tortugas de Florida

Hoy vengo a contaros uno de mis placeres -casi- secretos: pasear por el Puerto de Catarroja, un puerto que, a pesar de lo que podáis pensar, es un puerto de Albufera, interior. No tiene nada que ver con el mar. Y es que, hace unos días paseando por sus ribas, encontré a unos científicos que estaban realizando un estudio sobre las tortugas acuáticas que pueblan el lago y el parque natural. A modo de resumen podemos decir que en la Albufera de Valencia conviven dos tipos de galápagos, el europeo y autóctono, y el invasor, conocido como ‘Tortuga de Florida’, una especie depredadora de la local, que no sólo se reproduce de de manera descontrolada, sino que ataca y destruye a la tortuga local, llevándola casi a su desaparición.

Hoy voy a hablaros, en cierta manera, de tortugas. Hace ahora dos años celebramos las Elecciones Municipales, aquella primera experiencia política en primera línea que me llevó a ser candidato por Unión Progreso y Democracia (UPyD) en Massanassa, algo que siempre podré llevar a gala, y que a pesar de que no sirvió para obtener representación en el Ayuntamiento, nos valió el apoyo de 247 vecinos y vecinas, un 4,7% del total que fueron a votar aquel 25 de Mayo, para mí, un orgullo y una responsabilidad.

Desde entonces, poco queda de aquellas viejas siglas que casi nos llevan hasta el denostado Pleno del Ayuntamiento de Massanassa que ahora, como antes, gobierna el mismo PP de siempre, con la imprescindible ayuda siempre fiel de Ciudadanos, y los apoyos, más o menos externos, de Compromís e ‘Izquierda’ Unida.

Nada nuevo bajo el sol. Por mi parte, y por la parte de varios de mis compañeros con los que tuve la suerte de compartir candidatura, hemos intentado cumplir con los 247 vecinos que nos votaron aquel domingo agridulce. Unos desde la sociedad civil, ayudando en diversas organizaciones y entidades culturales o sociales, otros desde Internet como plataforma de ideas, y también de críticas y quejas, y otros desde el Pleno, aunque en la bancada del público. Y sí, seguimos haciendo oposición en medios de comunicación y periódicos, porque así nos lo pidió un considerable número de personas de nuestro pueblo. Hemos asistido a todos los Plenos que hemos podido, hemos pedido individualmente, o a través de asociaciones, información, obteniendo casi siempre la callada por respuesta. Hemos preguntado, nos han ignorado y hemos seguido aportando y también metiendo el dedo en la yaga. Lo hemos hecho porque seguimos creyendo que es importante que los pasos de peatones de la Avenida Vicente Blasco Ibáñez estén en las mejores condiciones posibles, porque creemos que tener una huerta limpia es una obligación de todos, porque nos parece que no tener contenedores de aceite doméstico usado es impropio de una sociedad europea, porque creemos que se debe gestionar de otra manera el dinero de todos, porque nos gustaría que el gobierno local publicase las actas de los Plenos en tiempo y forma a través de la página web. Lo hemos hecho porque no nos parece de recibo que ningún concejal filtre currículum de aspirantes a Juez Paz entre sus afilados, porque queremos un pueblo más limpio y más justo, donde las ayudas sociales se otorguen con criterios objetivos y donde el supuesto superávit del que disfrutan nuestras arcas públicas sirva para mejorar realmente la vida más inmediata de nuestros convecinos. Lo hemos hecho porque teníamos y tenemos un compromiso con todas aquellas personas que confiaron en nosotros. Porque el compromiso sigue muy vivo.

Creo, que si tuviera que elegir entre ser una tortuga europea o una de Florida, elegiría, sin ninguna duda, ser una europea, aunque tuviera un depredador en mejores condiciones físicas y con mayor facilidad para situarse en la cúspide de la cadena alimentaria del mundo de las tortugas. Creo que si pudiera volver a elegir, volvería a elegir pelear en la misma posición que lo hicimos hace ahora dos años, es decir, desde un partido pequeño, sí, pero honrado, sin mochila, con pocos recursos y de cara. Lo de colgar la cara de un líder conocido a nivel nacional y esperar a que nos voten por arte de magia, aunque funcione como le funciona a Ciudadanos o Compromís, no es nuestro estilo. Las siglas no deberían importar, debieran ser más importantes las personas y sus hechos. Preferiría ser tortuga europea.

No lo olvidéis, nuestro compromiso sigue vivo.

Indignación selectiva y xenofobia

He necesitado un par de días de reflexión para escribir estas líneas, y es que, quisiera tratar el tema con la mayor de las sensibilidades posibles, aunque de quienes hablo, parecen no tener la más mínima. Durante esta semana hemos conocido otra de las propuestas del nuevo Consell de la Generalitat Valenciana, en concreto en esta ocasión, de la mano de la Conselleria de Igualdad que dirige la también Vicepresidenta del Consell, Mónica Oltra. La que fue durante no hace tanto tiempo el azote de la corrupción en la Comunitat Valenciana, presentó las nuevas condiciones para acceder a una renta mínima de la Generalitat, en especial por parte de los inmigrantes en situación irregular, que no ilegales, pues dicho sea de paso, ninguna persona es ilegal. Ilegales son las actitudes de algunas personas, aunque tengan DNI español.

Digo nuevas condiciones, y lo subrayo, pues esta ayuda ya existía tiempo atrás, también durante anterior gobierno, dirigido por el Partido Popular. Ahora, hay cambios. Si bien antes la ayuda se situaba en algo más de 300 euros mensuales, a partir de ahora superará los 500, algo más de 200 euros al mes. Una limosna necesaria para personas en riesgo de exclusión social, pobreza extrema o con hijos a su cargo. También hay cambios en cuanto a la edad mínima de acceso a estas ayudas y al tiempo de empadronamiento necesario, en cuanto al primer requisito antes se requerían 25 años, y ahora la edad mínima será de 18, mientras que ya no serán necesarios dos años de empadronamiento, sino uno.

La desagradable sorpresa ha venido por partida doble, y es que, algunos medios de comunicación han querido hacer el agosto con la noticia, y subir las visitas a sus webs a golpe de clics y titulares vacíos o incompletos. ‘Inmigrantes sin papeles empadronados durante un año cobrarán hasta 532 euros’, así, a palo seco, sin miramientos, sin entender que la sociedad en la que vivimos, que no lee, que se informa a golpe de tuit, puede malinterpretar dicha noticia. Además, a la falta de, vamos a decir ‘sensibilidad’, de algunos que escriben noticias, se le suma la inexistente empatía de algunos de nuestros conciudadanos. Basta con entrar a leer los comentarios en redes sociales a la noticia en cuestión: ‘primero los de aquí’, ‘yo no pago impuestos para que se de paguitas a inmigrantes’, ‘yo tengo problemas y no me dan ayudas’, ‘me parece mal que se ayude a inmigrantes ilegales’, ‘es una compra de votos encubierta’ (como si sin tener la nacionalidad pudieses votar). Argumentos fáciles, carne de populismo nacionalista y xenófobo, tan de moda en algunos países de Europa. Comentarios que olvidan que antes que regulares o irregulares, somos personas, que comemos, nos vestimos, y tenemos necesidades básicas que cubrir para tener un mínimo de dignidad humana.

La propuesta de la Generalitat para con los inmigrantes tiene una dotación de  44 millones euros. ¿Sabéis lo que cuesta un auditorio vacío y duplicado como el de mi pueblo, Massanassa? La friolera de 3 millones de euros. Y así, un despilfarro en cada uno de los pueblos de este país. Pero eso no nos indigna, tenemos indignación selectiva. No nos indigna, que en Fallas, por poner un ejemplo, se subvencionen monumentos, insonoricen casales, se tiren tracas, tracas, y más tracas, con dinero público. El dinero público empleado en fiestas está bien empleado, al igual que lo está si lo gastamos en construcciones megalómanas, porque claro, llevarán el nombre de Valencia por todo el mundo. ¿Y la corrupción? Ay la corrupción, ‘si es que todos roban’, que dicen los acérrimos de PP y PSOE.

No nos equivoquemos, no nos indigna que la Generalitat destine 44 millones de euros a rentas de inserción social, nos molesta que se las den a inmigrantes, y nos molesta más si son ‘irregulares’. Hay dinero para muchas cosas, pero lo gastamos en fiestas, despilafarros, corrupción, chiringuitos, subvenciones vacías e ideológicas, y olvidamos que no hay más ideología que la humana. Tenemos indignación selectiva, y un poquito de xenofobia y racismo. Háganselo mirar.

Algo huele a podrido en Dinamarca

Algo huele a podrido en Dinamarca, la mítica frase de una de las más populares obras de William Shakespeare, bien podría servir para definir la política en Massanassa, y es que, cambiando ‘Dinamarca’ por ‘Massanassa’, aquí también huele raro.

El pasado 25 de mayo de 2015 los vecinos de Massanassa renovaron la composición política de su Ayuntamiento. Algunos bajaron, otros se mantuvieron, algunos entraron de nuevo, y a otros nos dejaron fuera. Si bien el PP perdió su mayoría absoluta, poco o nada ha cambiado con respecto a la anterior legislatura. Pastor sigue contanto con una cómoda y tranquila legislatura a pesar de no tener mayoría absoluta.

Los Plenos, que en otros municipios se presentan interesantes, tensos y llenos de debate político, en Massanassa transcurren entre risas y la complicidad de la mayoría de concejales que, en teoría se deberían hacer oposición. ¿Qué oposición van a hacer desde Izquierda Unida, por poner un ejemplo, si se dedican a hacerse selfies con la gente del gobierno local, esto es, PP y C’s? Es un triste reflejo de la realidad. No se cortan ni con los cristales. Hacerle oposición a quién es tu amigo cuesta más, y de ahí el buenrollito al que intenta arrastrar el PP al resto de formaciones políticas. Así pasa, que después de un año de legislatura algunos no han hecho ni un mísero panfleto para denunciar la situación política de la localidad a pesar de los 2000 euros largos que cobran en concepto de subvención anual para ello. Pervierten totalmente el concepto ‘oposición’, si se presentan a unas elecciones en una opción que no ha resultado ganadora algo tendrán que decir, algún papel como oposición tendrán que hacer. Deberían.

Con Ciudadanos el PP lo ha tenido mucho más fácil. El partido que se presentó bajo la cara de Alber Rivera a las elecciones municipales y que portaba como lema un sonoro ‘Massanassa pide cambio’, a día de hoy no ha presentado más que dos mociones de ámbito local. Una para poner una señal y otra para rebajar aceras. Ahí acaba el cambio. El resto de votaciones siempre en el mismo sentido que el PP, a los que querían cambiar. Debe ser que el Pleno no es más que un ‘teatro’ como reconoció públicamente el propio concejal de C’s. Ciudadanos, ese partido que no había presentado propuesta alguna antes de las elecciones, que nunca asistió a Pleno alguno ninguno de sus miembros, está haciendo todo lo contrario a lo que prometió. Nada.

Ser concejal debería ser algo más que desfilar de moro, o cristiano, e ir de comilona de falla en falla, actividades que son muy adecuadas y lúdicas, pero que no deberían suponer más que una pequeña parte del trabajo de los representantes públicos. Les animo a visitar las páginas de Facebook de estos dos partidos y a que intenten buscar alguna crítica, propuesta o idea para Massanassa.

De Compromís poco o nada se puede decir. Resultados muy bajos en contraste con el mismo partido en otros municipios. Mucho grito y poco cambio. A su concejal es habitual encontrarlo en el despacho del Alcalde, algunas veces leyendo el periódico. Otro caso de buenrollito. Quizás un cambio de lideraje de esta formación sea la clave para que Compromís alcance los 970 votos autonómicos que tiene actualmente en Massanassa, también a nivel local.

Honrosas excepciones en el PSPV y Sí Se Puede Massanassa. Los últimos destacan últimamente por su activismo local. Murales, huertos, limpiezas de parajes y actividad política se entremezclan con la actividad política diaria.

Cada día resulta más inevitable pensar que el PP gana en Massanassa no por su gran gestión, que por supuesto, algunas cosas buenas tiene, sino por la inexistencia de una oposición fuerte, organizada y dura con el gobierno local. Reflexión obligatoria para los apoyos de Pastor. Si de verdad creen que el PP tan bien lo hace como para no hacerle oposición, que no se presenten a las próximas elecciones, que para lo que hacen, ya está el PP que tiene más experiencia en gestión.

Incondicional (punto)

Un domingo por la tarde cualquiera en el restaurante, cafés, batidos, tortitas y algún que otro zumo. De fondo, el fútbol. Una de las cosas que más me gusta de mi trabajo es observar a los clientes, o como yo les llamo entre risas con algunos de mis compañeros, los comensales. No siempre, pero la mayoría de veces cualquier detalle imperceptible puede darte una pista de de su situación personal, o al menos de la que tienen ese día.

Ayer domingo, y como todos los Días del Señor, seguimos abiertos junto al resto de tiendas del Centro Comercial. En la puerta hacen cola dos parejas, dos mujeres y dos hombres de mediana edad, yo diría que de unos cincuenta y muchos. Ellos preguntan si pueden ver el fútbol, y ellas anuncian que volverán luego, que quieren hacer unas compras. La estampa no podía ser más cotidiana si no fuera por un detalle, o mejor dicho, dos detalles. Ellos andan en silla de ruedas, en una de esas motos eléctricas con su cesta y sus aceleradores. A mí me gusta imaginar que son como pequeñas motos todo terreno, pues bastantes obstáculos les ha puesto la mala suerte como para no poder salvarlos los que les ponemos los demás.

Por su puesto les acomodamos una mesa lo suficientemente amplia como para poder aparcar sus motos y que, desde allí, puedan disfrutar del partido, unos cafés y unos batidos.

Tras las compras de las mujeres y algo de merienda para todos, piden la cuenta. Pagan amablemente y se marchan. Una de las parejas es más rápida de que la otra, pues como buen caballero, uno de los hombres espera a su pareja mientras está en el aseo. Al volver, él intenta hacerse con las bolsas de la compra que trae su mujer para cargarlas en la moto y que ella no tenga que hacer ese esfuerzo.

La mala suerte quiere que las bolsas caigan al suelo, esparciéndose algunos de los productos que ella ha comprado. Él, desde su silla esgrime un gesto de derrota, de impotencia, de amargura. Impotencia por ver que no puede hacerse cargo de un sencillo gesto como es coger unas bolsas. Ella, ante la mirada triste de su marido, le agarra la cara, y con una ternura que pone los pelos de punta, le da una caricia y le da un beso en los labios que acompañada inmediatamente de un dulce ‘no pasa nada’.

Recogen las bolsas, les ayudo. Intento poner la mejor de mis sonrisas y quitarle el mayor hierro posible al asunto. Se alejan de la mesa y se dirigen a la puerta donde les espera la otra pareja.

En la vida, las pequeñas cosas son las que más nos enseñan. Una caricia, un beso, un ‘no pasa nada’, nos enseñan que el amor es incondicional. Nos enseñan que el amor no entiende de condiciones físicas, color, creencia, sexo o pensamiento. Que el amor es incondicional o no es amor. Que no hay espacio para cobardes. Que la vida puede ser mucho mejor si nos sonreímos cada día.

FR.