Carta a Patricia

Patricia tiene 35 años, muy española y valenciana. Fallera de pro. Estos días se ha tomado un descanso en su trabajo, no puede perderse las fiestas valencianas por excelencia. Faltaría más. Divorciada y con dos hijos a su cargo, recibe una ayuda del gobierno además de algunas otras de comedor escolar. Le han ofrecido recientemente un aumento del contrato que tiene en la tienda donde vende zapatos en fin de semana -ahora sólo en sábado desde que la izquierda ha dicho que el domingo es para ir a Misa- y algún día suelto entre semana. Patricia dice que no, que si le suben de 20 a 30 horas pierde la ayuda del gobierno por no llegar a cierto nivel económico. Vendría a cobrar más o menos lo mismo, pero eso implicaría trabajar más. Y si se lo dan, ¿para qué ir a trabajar más?

Eso sí luce orgullosa en whatsapp una foto de su padre, pancarta en mano, que coge el autobús que la lleva al centro para ir a manifestarse por la mísera subida de las pensiones. Una subida mísera porque no sube tanto como el IPC. Correcto. Al llegar a casa, desde su móvil de quinientos euros y pantalla de medio metro, comparte una imagen de las páginas de noticias falsas, que se suele tragar a pies juntillas. En ella, una cola de personas de color a las puertas del INEM. ‘Mónica Oltra paga 535 euros a inmigrantes sin papeles y sin haber cotizado jamás’. Bulo al canto, pero a ella le sirve para descargarse de culpa, seguir cobrando su pensión y trabajar lo justito. La culpa, del político y del inmigrante. Porque eso que no falle en sus conversaciones con sus amigas, “todos los políticos roba, todos son iguales”. Ella no.

Se extraña de que en el bar de enfrente todos tengan la piel oscura y el pelo negro, pero es que ellos sí quieren trabajar en fin de semana.

Y mientras, nuestros políticos a la suya. Sin entrar a lo que verdaderamente importa. Como joven me preocupan las pensiones, y mucho. Tener a unos políticos que hacen de la pancarta bandera, y del discurso vacío y facilón su mejor arma, también. Muchas proclamas y pocas soluciones. Gracias Partido Socialista por su propuesta de gesto de sólo subir un 0,25% el suelo a los diputados (y diputadas, no se me enfaden), pero no la necesitamos. Gracias por nada.

Necesitamos un debate serio, no for dummies, sino de altos vuelos y pormenorizado. Quizás, sería bueno plantearse el motivo por el cual nuestra pirámide de población está del revés. Mucho pensionista y poco cotizante, y de los cotizantes, pocos jóvenes y a razón de contratos precarios y de bajos sueldos. Así, ni cotización ni consumo. ¿Qué falla? Pues supongo que muchas cosas. Las empresas si tienen que pagar muchos impuestos (para mantener industrias subvencionadas, administraciones desorbitadas, subvenciones y demás mendigos profesionales) contratarán a menos gente. Supongo igualmente que si no perseguimos a aquellos empresarios que contratan por diez horas y pagan 40, 10 en A y 30 en B, no avanzaremos tampoco. Imagino también que las amnistías fiscales y las vistas gordas ayudan poco, como poco ayudan la falta de medios e inspecciones en lo laboral y lo fiscal.

Favorecer la contratación, dejando que los empresarios, y muy especialmente los autónomos, dejen de pagar el diezmo que impuso la Iglesia Católica hace siglos y que hemos convertido en norma y canal para financiar auditorios, sueldazos, fiestas y todo un sistema de ayudas que desincentiva y amuerma a la población.

El modelo de administración merece un capítulo aparte. Y no digo que sobren funcionarios, probablemente falten, y seguro que están mal repartidos. ¿Sobran bomberos, médicos, policías, profesores? No. Sobra despilfarro y mala gestión. Por ponerles un ejemplo, en la provincia de Valencia estamos asistiendo a una guerra de administraciones que puede dejar a varios pueblos sin servicio de vigilancia y limpieza forestal porque los ayuntamientos implicados y la Diputación no se ponen de acuerdo. Gobierno de España, Generalitat, Diputación, mancomunidad, ayuntamiento y empresa pública, y el monte sin barrer. Permítanme que modifique el refrán.

Bajar presión fiscal a quienes generan empleo a cambio de reducir la precariedad es hacer política. Aquí también los sindicatos y los políticos andan desaparecidos, pues hace tiempo que renunciamos a la buena política, al buen debate.  Perseguir a quienes explotan a trabajadores, a quienes chupan pensiones públicas sin control alguno, a quienes compran votos a base de subvenciones, a quienes se corrompen o a quienes defraudan son políticas que dan pocos votos, pero muy eficaces.

Los políticos que quien hacer falsa política siempre a cuatro años vista que se queden en su casa. Necesitamos políticas de largo recorrido. Valientes. Y claro, podemos hablar de muchas cosas que son igualmente necesarias. La flexibilidad real en el trabajo, por poner un caso. Y no señor Rivera, la gente no va a tener más hijos porque usted proponga dar 1000 euros por nuevo nacimiento. La gente tendrá más hijos si tiene más tiempo para atenderlos, más vida. Hablemos de la precariedad de los jóvenes, del porqué. Hablemos de perseguir a grandes y pequeños defraudadores. Veamos que ayudas públicas son necesarias, cuales desincentivan y cuales necesitamos y todavía no tenemos.

Pongamos freno a esos ayuntamientos que destinan más ayudas a fiestas que a transporte de estudiantes o a formación de parados. Pongamos freno a quienes trampean (y a quienes aflojan) el sistema de bienestar, sean blancos, negros, chinos o indios.

Tal vez, si las pensiones no contributivas se obtuviesen íntegramente de los Presupuestos y no de la Seguridad Social los gobiernos se preocuparían de no malgastar y de administrar mejor, puesto que ya se sabe que un pensionista sin su pensión es, con razón, lo más peligroso a lo que se puede enfrentar un político. La necesidad haría virtud. Rajoy, que anda pensando en subir impuestos para compensar las pensiones mínimas habrá pensado: ¿para qué apretarnos ahora el cinturón y hacer reformas valientes si ustedes ya tienen su paga asegurada y gobiernan, como mucho, para ocho años?

Como a Rajoy, a Patricia todo esto le da igual, a ella que le den su pensión, y mañana ya saldrá el Sol por Antequera. A pagar los del medio.

 

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Sí a la libertad horaria (publicado en EsdiarioCV)

Domingo por la mañana, hoy se me han pegado un poco las sábanas. Lo reconozco. Bajo a la plaza, café con leche y prensa. Hoy no me apetece cocinar, compro la paella de la casa de comidas de enfrente, sin bolsa de plástico, eso sí, que ya llevo la mía. Siesta y por la tarde a Valencia, en tren, que es como mejor se va al centro. Otro café y hasta la cena, que hoy hay dos por uno. Nos reunimos cinco a la mesa, y entre discusiones varias sobre lo denostada que está la política últimamente y lo bajito que está el nivel del discurso político llegamos a la novedad de la semana: en Valencia ya no se trabaja en domingo. Bien, realmente se trabaja pero de otro modo.

Me cuenta uno de los asiduos de las cenas dominicales que su hermana estudiante ha acabado su contrato de domingo en una tienda del centro comercial. A Elena le venía bien, dedicaba toda la semana a estudiar, y el domingo, sin madrugar demasiado, iba a abrir la tienda de ropa. Como ella, varias amigas tienen sus contratos en el aire ahora que el gobierno de Valencia y la Comunitat Valenciana se han conjurado para que, algunos, no puedan trabajar en domingo.

Me cuenta que una de las diputadas de la izquierda morada, de las más combativas en esto de ejercer el derecho al trabajo en domingo, estuvo el pasado fin de semana en la tienda de ropa de su hermana. Y sí, en domingo. A mí me viene a la mente el siempre recurrente viaje de ciertos representantes políticos que aprovechan cualquier festivo para volar a la otra parte del mundo. Azafato, piloto y demás personal mediante. El domingo es para descansar o ir a misa, dijo el alcalde de Valencia. O para ir a trabajar, si me apetece.

En qué momento la izquierda adoptó el discurso pro familia lo desconozco. Lo que sí sé es que en domingo trabajan, trabajamos, mucha gente. Cocineros, camareros, periodistas, conductores de tren, policías, médicos, acomodadores de cine, barrenderos, azafatos, autónomos e igual hasta algún político, si tiene algún evento al que no puede fallar.

Ponerle puertas al campo desde la incoherencia más absoluta en la era de las compras por Internet, sin horario ni limitación alguna. Ayudar al pequeño comercio, dicen. Quizás, sólo quizás, lo ayudarían más bajando impuestos y reduciendo trabas y burocracia, pero claro, habría que recortar otros gastos. Y eso, ¡ay eso! Las anguilas que entran por las que salen.
La competencia, dicen. La competencia no se da entre la gran IKEA de muebles baratos y de calidad media y el fabricante de mueble caro y de alta gama. Por poner un ejemplo.

Derechos de los trabajadores, dicen. De los trabajadores que ellos, la izquierda y sus ayudantes naranjas, deciden. El camarero no tiene derecho al descanso en domingo, porque claro, ya se sabe, la hostelería “es lo que tiene”. El que conduce el tren, el taxista, el de las entradas del museo tampoco. Derechos para unos sí, para otros no.

¿Legislar para que se pueda combinar conciliación familiar y trabajar en domingo para qué? Es más fácil prohibir, prohibir y prohibir. Y ya sabe, que como no está complicada la cosa, ya han decidido los políticos por usted. El domingo en casita, que se está la mar de bien.

https://www.esdiario.com/151535702/Si-a-la-libertad-horaria.html

A pedales

Ayer salí de trabajar, y casi como un ritual, me senté con mi amigo Yuri a tomarnos un café en una terraza del centro de Valencia, abrigo en marcha eso sí. La gente transita con inusitada tranquilidad en una ciudad que ha visto su enésimo capitulo vergonzante con las declaraciones de Ricardo Costa sobre la Gürtel. Ahí queda eso.

Me cuenta su reciente viaje a Ámsterdam, en Holanda. Barrio rojo, fotos y algún que otro pecadillo. Abrimos el periódico, y entre corruptelas varias en una esquina una noticia que nos llama la atención. Ciudadanos y su portavoz en Valencia, Fernando Giner, han vuelto a cargar contra el carril bici. Vaya novedad. El mismo que se subió a una bicicleta naranja color butano en las elecciones. Color carabassa que dice mi abuela.

Me cuenta Yuri que en Ámsterdam no es que no haya carriles bici, es que la ciudad es para las personas y para las bicicletas, autobuses y demás transporte público. Preferentemente. Y allí llueve lo que aquí no, y no se mueren. De hecho seguramente se mueran menos, porque respiran menos humos y hacen más ejercicio mientras se transportan a pedales de un sitio a otro. Pero aquí cada carril bici nuevo es un debate, un drama, un caos, una orgía de críticas y sinsentidos que nos sitúa fuera de toda lógica.

Le cuento a Yuri que una amiga que estudió no hace mucho en Dinamarca iba todos los días unos treinta minutos en bici hasta el hospital donde hacía las prácticas de su carrera. Y no porque no hubiera metro o autobús, sino porque le apetecía, porque muchos más lo hacían. Y Yuri me contraataca. En Maastrich hay una línea de autobús regular que cruza la frontera hasta la ciudad alemana de Aquisgrán. Sacrilegio. ¿Cómo puede ser? ¿Traspasar fronteras nacionales un autobús público mientras aquí no somos capaces de que la EMT llegue a los pueblos del área metropolitana de Valencia? Están locos estos holandeses.

Y mientras Europa se mueve a pedal desde hace años. Ciudadanos, el partido de la regeneración y la modernidad, cargando contra las bicis. Más hubiera valido que Rivera en lugar de postrarse ante Rajoy en los presupuestos, a cambio de nada, le hubiera exigido esas ayudas al transporte metropolitano que Valencia no recibe. Madrid, Barcelona, Málaga o Sevilla sí, Valencia no.

No piden ayudas para Valencia (y si las piden otros las votan en contra) y su máxima aspiración en la ciudad es atacar el anillo ciclista que, oh sorpresa, ya aprobó Rita Barberá y el PP. Cuanto progreso.

Valencia es una ciudad plana, no demasiado grande, cómoda para vivir. Y sí, claro que los carriles bici pueden tener fallos, y señales inventadas, y tramos más peligrosos que otros. Más peligroso es que no estén, para los ciclistas y para los no ciclistas que respiran cada día peor. Nos enfrentamos a un reto colosal. El clima está cambiando, y si no ponemos soluciones, la cosa irá más rápido. Pronto nos afectará al bolsillo, y a nuestra manera de vivir.

¿Saben los que van contra el carril bici que las olas de calor espantan a los turistas que suponen gran parte de nuestro PIB? ¿Saben los que van contra la bici que ésta es un medio en auge entre turistas que vienen, cada vez más, a conocer nuestra capital? ¿Saben los que van contra la bici que a peor calidad del aire más cortes de tráfico como en Madrid? ¿Saben los que van contra la bici que a menos ejercicio más enfermedades, más gasto sanitario? ¿Saben algo los que van contra la bici?

Quizás algún día todos los barrios conectados. Metro nocturno. Mejores cercanías. Autobús en toda el área metropolitana. Pero los españoles de momento, también en esto, vamos a pedales. Quizás, quizás, quizás.

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El porqué la rampa de la iglesia nueva de Massanassa no es tan descabellada

Para muchos vecinos tal vez el tema haya pasado inadvertido, pero es quizás una de las cuestiones que mayor debate han suscitado durante mucho tiempo. Es una cuestión en que diversos puntos de vista pueden ser objetivamente correctos y en la que, creo, es necesario hacer un profundo análisis para tomar partido en uno u otro sentido.

Yo, en mi afán por chafar todos los charcos posibles, me he decidido a mostrar mi opinión en el asunto de la construcción de una rampa de acceso a la Iglesia de Sant Antoni de Massanassa, el templo situado en la Plaça del País Valencià. Y ya lo avanzo, coincido en esta ocasión con la decisión tomada por el gobierno municipal, del PP, y también apoyada por Ciudadanos y Compromís.

Por ponernos en antecedentes. La Iglesia de Sant Antoni, levantada a finales del siglo pasado, en uno de los elementos que más definen al barrio. El original mural, obra del artista local Josep Lacreu, hace que este edificio destaque de entre otros muchos. La iglesia, y la plaza, se asientan en un solar donado por un vecino para facilitar la expansión urbanística de Massanassa, allá por los años setenta y ochenta. Aquel entramado de calles dio respuesta a los jóvenes del municipio que necesitaban nuevas viviendas y a una población que recibía decenas de familias venidas de otros lugares de España y que eligieron nuestro pueblo como su pueblo. Fue una expansión urbanística pilotada por el gobierno socialista del momento.

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La iglesia propiamente dicha se levanta a unos metros del ras del suelo, pues tiene en sus bajos un sótano en el que actualmente ensaya y actúa la banda de música local gracias al acuerdo que cada año mantiene con la Parroquia. Una escalinata empinada es la que sirve para, desde la plaza, dar entrada al edificio religioso.

El problema: la escalera es peligrosa, ha sido la protagonista de caídas de varias personas (muchas de ellas de avanzada edad) y está fuera de toda regulación. No está inscrita como suelo municipal como lo está la plaza, ni es suelo propiedad de la Parroquia. Se han intentado instalar varias barandillas para salvar mínimamente la situación, pero no han sido efectivas. Para solventar el problema los concejales de todos los partidos llevan, desde la legislatura anterior, trabajando sobre la cuestión.

Hay varias soluciones. No obstante, el proyecto que finalmente se llevará a cabo es el de la construcción de una rampa de acceso, similar a la que ya existe en el edificio contiguo del Hogar del Jubilado. La instalación comporta la eliminación de las actuales escaleras y la construcción de la citada rampa. En total, el suelo ocupado para rampa será de uno 38 metros cuadrados, frente al que ocupan las actuales escaleras que es de, más o menos, 31.

Para llevar a cabo la obra, que no se hará con fondos municipales, se ha procedido a realizar una cesión de suelo público por cuarenta años a la Parroquia. Puede sonar mucho, pero hemos de recordar que cesiones hay muchas en nuestra Massanassa, todas ellas encaminadas a que entidades privadas den un servicio público. Por poner un ejemplo, las instalaciones de FutbolCity (que aprovecho para recomendar) están sobre suelo público, y el edificio es una cesión por, si no recuerdo mal, cincuenta años. La residencia de personas mayores Solimar también se levanta sobre suelo público.

Otros casos, aunque no tienen que ver con el suelo, también combinan público y privado. Es el caso, aunque pueda parecer una tontería, de los vados. ¿Cuántas aceras rebajadas y bordillos hay en nuestro pueblo recortando el espacio del peatón para facilitar que coches particulares accedan a sus garajes?

¿Y qué pasa con los clubes y fiestas del pueblo? Durante muchos años se ha aportado dinero público para la insonorización de casales falleros, o se han cedido espacios públicos del polideportivo por tiempo indefinido a clubes y entidades, porque se considera que las entidades festivas, deportivas, o culturares, son parte del pueblo y que con su trabajo en cada uno de sus ámbitos, contribuyen a generar una sana convivencia entre todos los vecinos. Al menos así lo creo yo.

Ejemplos hay muchos, y aunque podamos discrepar en los detalles o en la forma, la colaboración entre lo público y lo privado es una realidad diaria en Massanassa y en la mayoría de países de nuestro entorno. No ceder suelo público a la Iglesia sería entrar en un agravio comparativo.

Hemos de recordar que, aunque los templos de la Iglesia son edificios privados, son de concurrencia pública y de libre acceso. Bien sirven para el culto como para celebrar un recital de Navidad o para albergar entidades benéficas de las que se benefician todos los ciudadanos, creyentes o no, practicantes o no. Todo vecino, sea o no católico, podrá disfrutar alguna vez de una rampa que no hace más que garantizar la seguridad de una parte de los vecinos de Massanassa. Además, la nueva rampa acabará con el vacío legal en el que se encuentra la escalinata actual.

Los bienes de un ayuntamiento, ya sean en forma de dinero líquido, suelo, equipamiento o personal, deben estar al servicio del conjunto de la sociedad, y no puede ser una postura cerrada e irreconciliable la que guíe e inspire su uso.

En política, como en muchas cosas, debemos guardar la coherencia. Defender lo que es bueno cuando es bueno para la mayoría. Ser críticos cuando hay que serlo, sí, y tener altura de miras y valentía para defender el progreso y la mejora del conjunto de la ciudadanía. Debatamos, que para eso estamos.

Así se marchó Toni Cantó de UPyD

Me he decidido a contarlo, sí. Hace algunos meses publiqué un artículo en el que conté como viví personalmente la marcha de que fuera Coordinador de UPyD en la Comunitat Valenciana, ex portavoz de Ciudadanos en Les Corts Valencianes y actual diputado no adscrito, Alexis Marí (No es oro todo lo que Alexis Marí reluce’) Tras contar los intríngulis, y miserias, que vivimos aquellos días, mucha gente fue la que pidió que contara la otra pata, y causa varia, del fracaso de UPyD en tierras valencianas. Y ahí va.

Toni Cantó, actual diputado de Ciudadanos en el Congreso, y muy probablemente próximo diputado en el parlamento autonómico valenciano, es quizás uno de los políticos que mejor transmite en los tiempos actuales. La primera vez que lo vi en directo fue en una desaparecida sala de los cines ABC Park de Valencia, un mes de noviembre de 2011, hace ahora seis años. En aquel mitin recuerdo que Cantó deslumbró a todos los asistentes dando golpes a diestra y siniestra, y cargando contra la corrupción imperante en la clase política española.

Con los ojos vidriosos, recuerdo que describía a un albañil que se le acercó en un acto público en Canals. Con los ojos vidriosos, ilusionado y cargado de energía salí de aquel mitin. Años después decubrí(mos) con toda su crudeza, lo desagradecido que es esto del partidismo.

Por situarnos, en agosto de 2014 Paco Sosa Wagner, ex eurodiputado de UPyD publica una carta en El Mundo pidiendo la fusión de su partido con Ciudadanos, desencadenante público de una OPA hostil que duró meses y que acabó con la práctica desaparición del partido que con mucho esfuerzo, e ilusión, estábamos levantando. Meses después se desvelaron algunos gastos injustificados de Wagner, pero eso es otra historia.

Durante todo este período en que Albert Rivera decía tener los nudillos desgastados de llamar a la puerta de Rosa Díez (cuando en realidad sólo pretendía impulsarse desde UPyD para cobrar protagonismo a nivel nacional,  y ocupar ese mismo espacio que no consiguió ocupar en 2008 cuando Cs ya se presentó a las Elecciones Generales con paupérrimos resultados), Toni Cantó permaneció al lado de la dirección de UPyD, y es aquí cuando realiza el famoso vídeo tan reproducido en Youtube donde descalifica duramente a su ahora partido, Ciudadanos.

En aquellas elecciones primarias optamos, en masa, por Toni. Tampoco había mucho más, y el voto en blanco que promovió el Consejo Territorial que dirigía Marí, tuvo poco éxito. En octubre Alexis se nos fue y  Toni Cantó ocupó, simbólicamente, su lugar. Cantó se postuló a candidato porque quería venir a Valencia, como parece volver a querer ahora con Cs.

Aquella campaña electoral la pensamos enfocada en la figura de Toni. Hicimos webs, banners, él se paseaba por peluquerías y hablaba con clientas, ofrecía cervezas y hasta creamos un sistema de whatstapp que con mucha dedicación atendíamos, en su nombre, muchos jóvenes voluntarios. Recuerdo como miles de personas escribían al ‘whatstapp de Toni Cantó’, y que muchos pasábamos, gratis, día y noche respondiendo. Él, cuando podía también lo hacía.

Lo recuerdo a mi lado, respondiendo mensajes en la sede que alquilamos en la Calle Pascual y Genís de Valencia.

En cierto momento, y antes de empezar la campaña, recuerdo que una mañana sonó mi teléfono, era él, era Toni. Por él y para él habíamos montado la campaña electoral, dejando atrás viejas rencillas y remando todos en una dirección. Hasta contratamos a una asesora en marketing y comunicación, de la que aprendimos muchas cosas buenas.

Aquella mañana Toni me ofreció dirigir su campaña a nivel autonómico. Yo, a mis 22 años y preparando mi candidatura local en mi pueblo, Massanassa, decliné, muy agradecido, la propuesta.

El hotel

Semanas después nos reunimos en un hotel de la Vall de Laguar. Allí, en un paradisíaco hotel del interior de la comarca de la Marina nos dimos cita unas diez personas, yo entre ellas, el objetivo era preparar la campaña. Allí estuvieron los candidatos por la provincia de Castellón, Juan Emilio Adrián, el de Alicante, David Devesa (ambos aguantaron hasta el final y cumplieron con la confianza que les había otorgado sus afiliados), el entonces concejal en Alicante, Fernando Llopis, los candidatos por Sagunto y Valencia, los enormes Eduardo y Bernardo, mi buen amigo Raúl, de Alicante, y algunas otras personas cercanas a los ya nombrados.

Recuerdo perfectamente aquella reunión. La sala era amplia, y tenía un ventanal enorme desde donde se veía el Montgó de Dénia, y a lo lejos el mar. Fue en aquella gran sala, donde preparábamos la estrategia donde Toni Cantó nos espetó aquello de, “dadme argumentario contra Ciudadanos para cuando me pregunten los medios”. Semanas después nos abandonó, y pocos meses después de haber estado cargado duramente (y con razón) contra Rivera y los suyos, el político catalán lo ungió con el dedo y lo nombró candidato al Congreso por Valencia, porque sí, algún día también hablaremos de aquellas primarias de Cs en la provincia.

Tras aquel fin de semana que recuerdo con especial cariño la campaña siguió. Nos centramos en la figura de Toni, y mientras, en UPyD se iba cociendo una guerra de titulares, tramas y puñaladas que acabó en una fuerte polarización: los que estábamos a favor der un UPyD autónomo e independiente, aunque fuésemos directos al abismo, y quienes abogaban por diluirse en las siglas de Rivera.

En aquellos días previos a un tenso Consejo Político Nacional en el que se iban a votar las condiciones en las que UPyD accedería a pactar con otro partido, Toni desapareció. Unos dijeron que estaba en Ibiza, otros que se le había visto por Valencia. Lo cierto es que nos quedamos con vestido y sin novio. Teníamos toda la campaña montada pero teníamos un candidato ausente. No contestaba al teléfono, ni a correos ni whastapp, se desvaneció.

Perfectamente recuerdo como aquellos días Alicia Andújar, que había quedado como Coordinadora Territorial tras la marcha de Marí, tuvo que situarse, casi por obligación y estando esperando el nacimiento de su hija, al frente del partido. Los periodistas nos preguntaban por Toni, y no sabíamos ni que excusa poner. No es que no quisiéramos responder, es que no sabíamos. Toni se escondió y no daba señales de vida, ni en su afamada cuenta de Twitter.

‘Jilipolleces’

Después de muchos días de silencio, los grupos de whastapp en los que yo estaba presente, junto con el que todavía era candidato, Toni, se iban apagando poco a poco. Un compañero, A, usando uno de estos mismos grupos afeó a Cantó su silencio, su no dar la cara, su juego sucio, su habernos dejado con lo puesto. A aquel mensaje Toni Cantó sólo respondió, “estoy harto de jilipolleces’, con J, y se marchó. Se fue, sin más.

Después de quedarnos sin candidato, y de haberse ofrecido ya a Rivera, Cantó entregó su acta de diputado, que fue ocupada por Julio Lleonart, el primer diputado hipster del Congreso. El actor pasó un breve tiempo en barbecho, hasta que reapareció en Ciudadanos. Allí se encontró con otros muchos que habían dado el salto, de uno u otro modo, a las siglas naranjas. Hoy muchos están en el grupo de no adscritos, pues el objetivo de Rivera era eliminar a la competencia, otorgando puestos de salida a gentes capaces de desmantelar UPyD. Rivera los compró, ellos se dejaron comprar, y meses después, los echó del partido. Son los casos de Bétera, Manises, la Diputación de Alicante o algunos afiliados con más interés que conocimiento político.

La campaña

Aquella campaña electoral a Les Corts, y a decenas de ayuntamientos valencianos la hicimos como pudimos. Explicando a la gente que nuestro candidato, Toni, se había cambiado de partido, de opinión y que se había tragado sus palabras de desprecio hacia Rivera. Nos faltó el candidato, pero tuvimos a la candidata, Alicia, quién se recorrió, a trancas y barrancas y en su estado, todos los recovecos posibles. Pegamos carteles, muchos, todos juntos. Yuri, Fran, Laura, Iñaki, Alberto, Adrián, y muchos, muchos más, seguimos adelante, por compromiso y porque a nosotros, no nos hacía falta un puesto mejor que el que ya teníamos, el de la conciencia tranquila.

Aprendimos un poco más de las miserias humanas, y del juego sucio de los partidos, nos hicimos un poco más mayores.

 

DUI, amnistía fiscal y una gitana

La recuerdo perfectamente. Entró con aspavientos, como si la cola no fuera con ella. ‘Dame una mesa nene’, me espetó aquella gitana.

Recuerdo esta historia, verídica, como si fuera ayer. Una de las muchas noches que trabajé en la hostelería atendí a la que posiblemente haya sido la peor clienta que he tenido.  Aquella mujer, valiéndose de su condición étnica, por la cual sea dicho siento un gran respeto y en la cual tengo grandes amigos, intentó sacarme hasta la última gota de energía, y pasión, aquella noche.

‘Explícame como va esto’, ‘aquí huele mal’, ‘hay un pelo en mi ensalada’, ‘cámbiame el refresco que está desventado’, ‘añade esto, pero no me lo cobres, y trae pan’.

Una pesadilla en toda regla. Una vez finalizado el servicio, y con muchas ganas de que se fuera por donde había venido, aquella mujer de tez oscura y tatuajes en los brazos, me pidió que le pasara la promoción de aquella noche. Mi mala suerte fue que aquella buena señora no había tomado ninguno de los platos previstos en la oferta. Tras comunicarle la nueva de que su promoción no podía ser canjeada, me sugirió que yo seguro que podría hacer algo, teniendo en cuenta que el servicio había sido desastroso y que si no, pondría una hoja de reclamaciones.

Consulto con un compañero, y éste con resignación me recomienda pasarle la promoción, ‘para que se calle’. La sangre, empezó a hervirme, y con las pocas fuerzas que me había dejado aquella clienta, accedí a pasarle la promoción, a ver si con un poco de suerte de marchaba, para no volver. Triste, me sentí chantajeado. Pero, ¿qué iba a hacer yo? Prefería evitar un conflicto, y al fin y al cabo, a mí me daba igual hacer diez euros más, o diez euros menos, de caja.

Siendo así, dialogué (o eso creí yo), busqué una solución política, como cuando los ahora patriotas ministros del PP ofrecieron soluciones a quienes defraudaban dinero al erario público y les organizaron aquella amnistía fiscal.

Dialogué, busqué soluciones políticas, como quienes ahora pretenden desvanecer en lo político el incumplimiento de las leyes que han hecho los nacionalistas catalanes.

Estos días me ha venido a la mente la cara de aquella señora, y a pesar de que su moño recogido con una pinza de color fucsia no tenía nada que ver con el corte de Carles Puigdemont, sospecho que tienen mucho en común. Trátame especial, porque yo soy especial, y si no me das lo que quiero, a pesar de que yo me salto las leyes (o en el caso de la gitana, las promociones), te montaré un buen bacalao.

Estos días escucho que hay que dialogar, y buscar soluciones políticas, porque si no, volverán a salir a la calle. Y yo, no quiero sentirme más chantajeado.
 
Pague sus impuestos, y no me amenace con llevarse el capital fuera. Cumpla ley, y no me amenace con gritar mucho.

No seré yo el que cuestione su legítimo anhelo de independencia, pero que no me intenten amedrentar, porque no por gritar más, tienen más derecho a violar ninguna ley.

 

Se le ha caído la ética, Antonia

Que griten, que se enfaden, pero que reflexionen. Me daría por satisfecho con una disculpa pública, pero como siempre, no llegará. Massanassa vuelve a ser portada, y desgraciadamente no es porque el gobierno bipartito de PP y Cs, y sus socios externos Compromís e IU, se hayan decidido a hacer algo bueno con el tan famoso ‘superávit’ que para todo les sirve (hasta para tapar sus vergüenzas) menos para invertirlo en bienestar real de los vecinos de Massanassa.

El vaso esta vez ha desbordado por el lado de Izquierda Unida, y es que, por si no lo saben, se ha destapado que el gobierno local manipuló un acta de asistencia a una comisión para que la concejala de Izquierda Unida, Antonia (Tonyi), pudiera cobrar los cincuenta euros que percibe cada concejal cuando asiste a este tipo de reuniones.

Por fijar conceptos conviene aclarar qué es una comisión. Esta reunión, llamada oficialmente ‘comisión informativa’ no es más que una reunión temática donde representantes de cada partido asisten para hablar de un tema concreto. Hay comisiones de educación, de urbanismo, de seguridad, de cuentas… Cada partido tiene un mínimo de un concejal en cada comisión, y cobran un máximo de tres al mes, a cincuenta euros cada una. El concejal que no va, no cobra, y se queda sin poder votar los asuntos que se traten ese día. Normalmente, aunque hay excepciones, las comisiones son a puerta cerrada, es decir, no pueden acceder los vecinos como sí sucede en el caso de los plenos.

La polémica, o la vergüenza, se materializó el pasado mes de julio, cuando a la reunión de urbanismo no asistió la concejala de Izquierda Unida. Bien por despiste, o porque por motivos personales que no interesan a nadie, la concejala no llegó a tiempo a la comisión de urbanismo. Hasta aquí, todo normal. La corruptela, con todas las letras (y si no consulten el diccionario de la RAE o la AVL) y sin titubeos, vino cuando el siempre polémico (y condenado por injurias) concejal de Compromís, Josep Nácher, invitó a la representante de Izquierda Unida a firmar, porque de lo contrario no cobraría esa comisión. El alcalde Vicent Pastor (PP) asintió, y pese a las advertencias de la portavoz socialista Clara Quiles, la concejala de Izquierda Unida firmó.

En el momento en que llegó la concejala de IU, el arquitecto (pieza fundamental en una comisión de urbanismo) ya no se encontraba en la sala, y no se produjo intervención alguna por parte de la concejala ni de ningún otro edil. A pesar de ello, el gobierno municipal retorció al máximo el acta de la comisión asegurando que IU había llegado a las 14:27 y que la comisión finalizó a las 14:32.

Prueba de ello, de la corruptela y de la manipulación, es el hecho de que en comisiones posteriores la concejala de IU se ofreció a no cobrar otra  comisión en compensación. Se ofreció después de ser pillada. Algo malo entenderá que ha hecho cuando se ofrece a devolver, no cobrando, la cantidad.

Observen la triple entente: IU llega tarde, Compromís invita a firmar para que cobre, y el gobierno local, a través del PP, da su beneplácito. A ojos del resto de partidos, sin esconderse, con total normalidad, sin vergüenzas.

La necesaria reflexión no viene por la cantidad de la corruptela, aunque cincuenta euros cuesten mucho de ganar a muchas personas. La reflexión y crítica viene por la manera de proceder, como si el ayuntamiento un cortijo fuese. Cuando se maneja dinero público se ha de ser muy escrupuloso. Ahora entiendo por qué Izquierda Unida (IU) hace una oposición tan laxa. Ahora entiendo porque se abstienen hasta con los presupuestos que presenta el partido que, por ideología y programa, más lejos estánde ellos.

Vergüenza, rabia y pena. Seamos serios. Doña Antonia, se le ha caído la ética.